martes, 13 de octubre de 2009

Sintesis de mi nuevo libro: La Magnífica Célula y la Psicología de la Vida

¡PORQUE SOY HUMANO!

Atendiendo mi naturaleza celular, de aquella que me conformó y de la que provengo tengo derecho a obtener mi alimento de la tierra que no posee dueño, el mismo derecho que tengo al agua vital para mantener mi estructura, el mismo derecho al sol que me da energía y al oxígeno producido por los vegetales y algas que requiero para vivir. Tengo derecho a estar en soledad y amablemente subsistir compartiendo el mundo vivo y el inorgánico. Tengo derecho a todo ello sin pagar.

Atendiendo mi naturaleza vegetal tengo derecho a mi autonomía, a mi identidad, a autoformarme y mantenerme por mi mismo. Tengo derecho a ocupar un espacio donde pueda proveerme mis propios alimentos, tener agua, oxigeno y sol. Tengo derecho a crecer, expandirme y colaborar con el desarrollo del sistema vivo. Tengo derecho a todo ello sin pagar.

Atendiendo mi naturaleza animal tengo derecho a mi libertad de movimiento, tengo derecho a desplazarme y ubicarme en aquellos sitios donde mi vida esté asegurada. Tengo derecho a vivir mis emociones, tengo derecho a sentir y compartir con otros similares a mí, tengo derecho a disfrutar del mundo y de reunirme con mis pares. Tengo derecho a todo ello sin pagar.

Atendiendo mi naturaleza humana tengo derecho a la libre expresión de mis pensamientos y sentimientos, tengo derecho a crear, a comunicar, a sentir en libertad. Tengo derecho a relacionarme y a conformar y pertenecer a organizaciones dignificantes y evolutivas. Tengo derecho a ello sin pagar.

Y como ser humano tengo el deber de promover la vida en libertad, de reconocer a todos los seres humanos como iguales, de proteger a los vegetales por ser los dadores de vida, de proteger a los animales como ancestros y compañeros. Debo proteger las fuentes de alimento, agua, sol y oxigeno pues son el patrimonio de la vida. Y tengo el deber de respetar y dignificar toda forma de vida en reconocimiento a mí mismo y a la lucha persistente de la célula por más de cuatro mil millones de años.

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